Arrancamos la jornada en Friburgo de Brisgovia, la ciudad más luminosa de la Selva Negra y un lugar que conquista desde el primer instante. Su imponente catedral gótica domina el casco histórico, mientras la animada Münsterplatz cobra vida con mercados, terrazas y un ambiente que mezcla tradición y cotidianidad local. Pasear por sus calles empedradas es como viajar al pasado, entre edificios medievales conservados y ese encanto alemán que combina orden, cultura y calidez.
A mediodía llega el momento de disfrutar de un almuerzo libre, ideal para probar algunos de los sabores más típicos de la región. Entre ellos destacan los spätzle, la pasta tradicional que no falta en casi ningún menú y que aporta la energía perfecta para continuar la ruta. Restaurantes, cervecerías y locales acogedores ofrecen opciones para todos los gustos, un buen momento para relajarse y sumergirse en la gastronomía del sur de Alemania.
Por la tarde cruzamos la frontera hacia la Alsacia francesa, un rincón que parece sacado de un cuento ilustrado. Visitamos primero Colmar, con sus canales, casas de colores y fachadas entramadas que parecen postales vivientes, y luego seguimos hasta Eguisheim, famoso por sus callejuelas circulares y su atmósfera medieval rodeada de viñedos. Un cierre perfecto para un día lleno de historia, sabores y paisajes que parecen de película.







